Me dijiste que tu y yo no somos iguales.
A mi esas cosas no me hacen sentido hasta que escucho una canción que me las explica.
Igual y deberían cantarme las cosas para entender. De otra forma todo entra dentro de mi ficción.
Nena, tu y yo, no somos lo mísmo.
Los Silver Seas me hacen querer ser un granjero de esos que usan camisas de franela a cuadros, mascan tabaco y beben wiskey casero.
Archive for August, 2010
Coge tu propio tren.
Published August 8, 2010 Fin de semana Leave a CommentTags: Escuchando: The Silver Seas - Catch Yer Own Train
Quiero un Pony Blanco
Published August 7, 2010 Fin de semana Leave a CommentTags: Escuchando: Deftones - Change (In the House of Flies)
Hace mucho que no escuchaba esta rolita. Buena entre las buenas.
Viajando por reforma, en una noche sin violencia.
Debería ser la obertura de cierre a ese maravilloso capitulo de los Simpson donde Homero le regala un pony a Lisa.
FaceTime
Published August 3, 2010 Noticias. Leave a CommentTags: Escuchando: The Subways - Rock n' Roll Queen.
Iba a poner una entrada de esas incomodas y cansadas de crítica al sistema educativo en América Latina. ¿La razón para considerar el tema? Con el título de este encabezado podrán saber de qué va: “Concurrir al aula no siempre es sinónimo de aprendizaje” publicada por el periodico Argentino “La Nacion“. Pocas cosas me desesperan más que la impotencia de la mayoría de la gente para resolver los problemas más simples. Es agotador presenciar cómo se maneja el grueso de la gente ante el menor cambio en una labor cotidiana (en el trabajo o en la vida civil).
Pero sinceramente es martes y estoy de buenas. Dejemos que la gente se rebane el seso por cualquier cosa.
Mejor hay que hablar de temas divertidos que nunca pasan de moda.
Hablemos de Porno y Apple.
El anuncio del iphone 4 me cayó muy mal. Súper mal. Odioso. Nunca he sido fanático de los gadgets, me cae mal estar dependiente de tanta cosa colgando (o inalámbrica, infrarroja y no sé qué). La gente se vuelve aburrida al enfocar toda su atención a cajitas de todos tamaños (grandes teles o pequeños teléfonos). Lo digo, y en verdad que tengo yo mi pie cojo. Amo el Messenger, escribir notas en mi blog o el skype para al menos así no dejarle mi dinero en larga distancia a Telmex. Pero puedo sin problemas desprenderme de esa sumisión para disfrutar de la gente. O de mí. Me desespera como se ensimisman los consumidores sin control. Es un desperdicio todos los recursos que dedican a no quedarse atrás en una carrera que claramente no pueden ganar. Pocas cosas de lo que compres en tecnología tiene una vida útil de más de 6 meses y seguir siendo considerado lo último. Pero bueno eso soy yo, ellos dirán “es mi problema, es mi tiempo, es mi dinero”. Están en lo cierto.
Pero hoy leí la primera noticia que me pareció divertida sobre el iphone 4 (divertida de verdad, no las tontas, insípidas y repetidas aplicaciones que ofrecen los teléfonos “inteligentes”).
La característica de FaceTime en el teléfono permite que dos personas sostengan conferencias y observarse. Ya era hora, después de 50 años (si no es que más) de predecirlo en la ciencia ficción. Y con eso dicho los empresarios de la industria porno, siempre ávidos de encontrar nuevas formas de exhibir sus activos saben que hay mercado, y hoy por hoy están encontrando como darle forma para que sea negocio sin que Apple les censure. Difícil tarea para los dos. La noticia completa, también en el periodico “La Nación” aquí.
Me pregunto entonces ¿para qué querrá un adolecente salir de su casa? ¡De su habitación! Y debe haber muchas más implicaciones. Los oficinistas ¿de verdad no van a poderse robar información de las empresas con todo esto? Seguridad, Censura, Crimen cibernético, porno infantil, voyerismo, invasión a la intimidad, extorsión, blablablá. Los problemas de siempre con los juguetes que inventamos. Temas de película para Hollywood.
Ya se quedarán los fans con menos tiempo para ellos y otras personas para encontrarse en el mismo espacio.
Un regalito.
Published August 2, 2010 Debraye Leave a CommentTags: Escuchando: Radiohead - Bulletproof (I whish I was)
Desde niño tuve malos hábitos con respecto al dolor. Nunca entendí bien para que sirve.
Hacía ejercicio y al día siguiente, cuando los músculos llenos de ácido me reventaban amaba tallarme vigorosamente.
Cuando perdía los dientes de leche, me gustaba jugar con el diente flojo porque el eco que sonaba dentro de mi boca con el vacío que formaba el juego entre la encía y la pieza que se caía me encantaba. Salía sangre y ardía con todo lo que comía. No me importaba, necesitaba seguir.
Cuando me tatué creo que lo que más me gustó fue el dolor pequeño y molesto de la maquina rompiendo mi piel.
Encuentro un placer inaudito en caminar o estar de pie por horas y que mis pies se hinchen. Me gusta cuando quito los zapatos y se dilatan a voluntad.
Me expongo a estímulos que despiertan mi imaginación. Adoro muchas películas con finales poco complacientes, las canciones de temas incómodos, los grupos que viven al margen del gusto popular, los libros que te ponen a pensar hasta que te sientes cansado. Tengo la característica de quedar angustiado por días (o confiado) por líneas o situaciones de personajes. Me gusta que sean momentos sin remedio. Son como son. Ni más ni menos. Tienen peso, su volumen se multiplica dentro y con cada recuerdo se ensancha hasta que me ahogo (lo cual es curioso, morir asfixiado es la única forma de perecer que me da miedo).
Me gusta extrañar gente, aun antes de que se vaya (así los abrazo más, y no noto que se hacen viejitos).
Me fascina coleccionar cosas que refuercen los recuerdos, desde clichés como servilletas y piedras hasta el orden en que recuerdo una habitación para que nada ocupe el espacio de un cuerpo que antes estuvo ahí.
No me expongo a nada que ponga en peligro mi integridad, son esos pequeños dolores con cadencia, sin solución y fronteras, los que disfruto.
El otro día me dijeron que uso la palabra “amar” en exceso. Lo pensé. No es cierto. Amo fácilmente. Me enamoro. Me gusta. Me gusta amar. Está padre y sabe rico (como helado de cereza, mi favorito). También me dijeron que uso la expresión “me caga” demasiado. Tampoco es cierto. Desprecio fácilmente. Siento seguridad entre lo que me agrada y lo que no me agrada. No necesito excusas. Algo me caga y ya ¿Dónde está el exceso en no querer cargar con pesos de ondas que no me laten?
En fin. Hoy me dieron con que jugar al infinito. Un juego de posibilidades que duele, arde y asfixia. Riquísimo.
Gracias. Muchas gracias.
Lo amo.
Me caga.
Le besaría, pero se me caerían los dientes. Correría lejos de la posibilidad pero el ardor me dejaría las piernas estropeadas para siempre. Me tatuaría cada frase pero esas palabras las escribieron con la propiedad de que no dejan cicatriz. Me quedaría de pie, observando que el otro jugador no se da vuelta, pero mis piecitos no aguantan tanta verdad (esa sí pesa un chingo).
La semana pasada me dí cuenta que me late caerme de la bici. Hoy de que creo que ya sé que me habría gustado de regalo de cumpleaños.
Tomo los 5 minutos que dura el juego para escuchar una rolita.



Pigmentos agregados a la dermis