NO HEADPHONES ALLOWED

Al salir de un trabajo de oficina, se practica un ritual en el que un señor/señora, se sienta a preguntarte que es lo que te ha parecido laborar con ellos, que piensas de tu área, tus compañeros y tu jefe. En fin, le dicen “retro(alimentación)”. En la última “retro” que tuve que dar quería decir algunas cosas, pero por no querer ser malinterpretado no hablé lo que pensaba. De cualquier forma no creí que fuera a hacerle mucho sentido al bigotón que amablemente me cuestionaba mientras me daba un bolígrafo para firmar una montañita de documentos. Mientras ponía la fecha, mi nombre completo y mi garabato en cada hoja, pensé que desde el día uno me habían invadido dos angustias: La primera fue darme cuenta que el uso del Messenger estaba mal visto y vivía en con una horrible paranoia de que el rumor (que parece existir en todas las empresas) de que lo bloquearían sin previo aviso, se volvería realidad. La segunda era que no había compañeros que compartieran mi gusto musical. Este hecho hacía que me solicitaran usar audífonos mientras que ellos, podían oír sus canciones en las bocinas de la computadora. Obediente, buen compañero y con ganas de encajar, empecé a usarlos mientras hacía mis tareas y a moverme bailando a un ritmo fantasma para los que me rodeaban. También disfrutaba de quedarme en mi cubículo durante la hora de comida escuchando música a volumen alto leyendo algo. Básicamente estaba en la secundaria otra vez, así que la respuesta para el señor bigotón fue que me había sentido como en la escuela. Eso le dio gusto y sonrió.
Había casi olvidado por completo esa escena, hasta que tuve la oportunidad las ultimas semanas de conseguirme una labor en la que me pagaban por relajarme. Ayer la dejé para perseguir tatuajes, pintores del Siglo XIX, leer y hablar de violencia tanto como pueda.
Voy a extrañar el Rio instalado en la calle de Frontera. Quisiera seguir cantando todo el rato, mientras ejercito las letras de lo que suena en las bocinas sin tener que estar usando unos jodidos audífonos, pudiendo gritar cuando me dé la gana y bailar por estar de buen humor. Era como aprobar un examen de lyrics todas las noches. De haber sabido que se sentía tan bien, lo habría hecho más en la escuela :P. En la prepa sólo pasé los exámenes necesarios para graduarme con mi generación sin asistir mucho y la universidad nunca me la tomé muy en serio, así que encuentro fascinante esta emoción.
Lo único que lamento es no haberme tomado una fotografía mientras estaba ahí.

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