Ocaso.

Llueve mucho estos días. Ya me acordé que es septiembre.
Casi toda la gente sensible que conozco es adicta a algo: Sus vicios están entre el alcohol, la pereza, las drogas, el trabajo, el cigarro, el dolor, la soledad, la melancolía, el sexo opuesto, las comas en los poemas, la filosofía alemana, la tristeza, los libros, la música y un largo etc.
Casi todos los personajes sensibles que conozco se tornan hipersensibles en septiembre. Como si se volvieran de repente más perceptibles a sus alrededores. En el transcurso de unas semanas, desde que regresé de un largo viaje, cinco personas distintas me han preguntado “¿Qué le pasa a la gente?”, y luego proceden a contar una historia que pone en evidencia cuanto puede herir a alguien la completa indiferencia con la que actúan los que le rodean.
Ya no estoy seguro de que esta pregunta tenga respuesta. Reduciendo el universo al conjunto de personas con el que interactuamos en el día a día, me gustaba pensar que curando un par de fallas o vicios de cada una, el carácter de casi cualquiera podía ser llevadero. Pero tengo la sensación de que hay una deuda generacional que tenemos que pagar, y que no habrá vehemencia para cumplirla. Leí que la idea de progreso no era una realidad para la humanidad hasta el S. XIX pues antes de esa época en este mundo no teníamos conciencia de que el avance o retroceso de una comunidad se contagia, y que los lazos que nos unen como raza son tan profundos que es imposible escapar a una inercia que nos lleva hacia una misma dirección. Sin embargo creo que estamos viviendo el tiempo en el que percibimos (presentimos) que vamos en dirección equivocada a lo que nos acomodó nombrar como “progreso”. Simplemente no podemos confiar en ese cúmulo de sentimientos e ideas que hemos aglomerado los últimos 200 años. Hemos sido universalmente brutales y constantemente egoístas; ahora las motivaciones que nos ponen en movimiento son de orden negativo y actuamos de manera acorde, aun al nivel más básico de convivencia. Ya no tenemos que ser actores de un evento de grandes alcances para proceder de forma perversa.
Todo nos corrompe.
Cualquier oportunidad de decisión que se presenta es una tentación ante la que constantemente fallamos dejando a un lado el seguimiento de virtudes más nobles.
Es triste, pero doy gracias a poder vivir el septiembre de nuestra civilización, en el ocaso de la humanidad, donde los más sensibles se detienen a preguntarse ¿Qué le pasa a la gente? ante el anuncio de un final que se acerca cada vez más rápido. Donde vivimos una guerra para poder dejar una marca de nuestra existencia. A últimos meses corro únicamente en las maquinas puestas para eso en el gimnasio. Creo que es una paranoia a salir a las calles y toparme con un evento indeseable. Pero estos días de lluvia siento la necesidad de salir y correr hasta agotarme por completo. Me gusta la idea de respirar agitado y sacar vaho por la boca como si tuviera fauces, recorriendo las banquetas llenas de charcos en la madrugada con ardor en mi rostro por el frío y el agua. Es una vigorizante sensación que extraño.

Christmas day sunset. 25 Dec 2003. By Tanya Rabourn

Christmas day sunset. 25 Dec 2003. By Tanya Rabourn

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