Tinta Electrónica II

La primera vez que me dio curiosidad el tema de los Lectores Libros Electrónicos escribí la entrada Tinta Electrónica. Bebiendo cervezas con un par de compadres intercambiamos opiniones al respecto. Mis ideas giraron alrededor de mi preocupación por las herramientas de censura que facilitan estos medios de lectura, pero por otro lado, mis amigos expresaron tener más curiosidad por el funcionamiento de los periféricos y la interacción hombre-máquina como factor de éxito comercial.
En resumidas cuentas, lo que entendí de sus opiniones fue que el modo en que nos comunicamos sufrió un proceso a lo largo de la evolución de nuestra especie que nos ha llevado a desarrollar el lenguaje y su escritura. Este proceso ha vuelto el ejercicio de leer un acto universal que se realiza de manera casi idéntica en por cualquier persona del mundo.
La alfabetización usada como una herramienta de aprendizaje sostenido ha aprovechado este ejercicio para crearnos el hábito de acudir a un medio escrito cuando nos formulamos una pregunta y tenemos la necesidad de aprender su respuesta fuera de la esfera de la experiencia y la observación. Sin embargo este ejercicio físico tiene complicaciones cognitivas que en realidad nadie ha podido describir por completo, pero estamos seguros de algo: la asociación es parte de nuestro aprendizaje, y las circunstancias físicas que nos rodean al hacerlo son almacenadas en el cerebro y de repetirse lo suficiente viven finalmente en una simbiosis entre ellas y el objeto aprendido.
Cuando esto ha pasado, las circunstancias dejan de estar separadas de ese objeto y se vuelven indispensables para que al reproducirse el evento se realice de manera más eficiente. Es decir, nuestra psique realiza ya de forma automática algunos pasos cuando recibe estímulos que recuerda haber vivido y cuando conoce su finalidad; en este caso, tomas el libro, usas las manos para viajar por las páginas, y mueves tus ojos de lado a lado miles de veces mientras avanzas por las líneas. Cualquier persona que sepa leer asocia este proceso físico, como los primeros pasos de un sistema más complejo que se termina en el cerebro.
Y esta ésta es la pregunta que surgió de esa conversación ¿Qué pasa cuando el ejercicio de la lectura es cambiado al facilitar un medio que no se asemeja en nada a un libro, y que tiene una funcionalidad totalmente distinta?
Pues bueno, la respuesta más obvia es que se vencerá el hábito y se aprenderá a ejercer la lectura iniciando el proceso de otra forma. Esto es más fácil decirlo que hacerlo.
Hay teorías que hablan de una herencia genética en nuestro ADN que va más allá de características físicas, y creen que pueden heredarnos hábitos, conocimientos, patrones de comportamiento y hasta propiedades metafísicas. Yo soy creyente al menos hasta las primeras tres propuestas, y de ser así seguramente tenemos información que nos predispone a leer de un libro y no de una máquina a la que le faltan hojas y el olor que despide un texto (la gente que practica la lectura como recreación me entenderá cuando menciono ese placer que produce el aroma de los libros que tanto estimula para acercarte a ellos) ¿Podrá vencerse ese hábito lo suficientemente rápido para volver de estas máquinas un éxito comercial? ¿Cambiará nuestro tradicional sistema cognitivo que hace uso de la lectura? Me intriga el alcance que tendrá todo esto.

El Duque, leyendo un libro.

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